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Por Ione Ruete, arquitecta y Directora de BBConstrumat. Elegir el cerramiento de un edificio es tomar una decisión que determinará su envolvente y, por tanto, su imagen exterior, pero sobre todo definirá para siempre el grado de confort interior de sus espacios.

Elegir el cerramiento de un edificio es tomar una decisión que determinará su envolvente y, por tanto, su imagen exterior, pero sobre todo definirá para siempre el grado de confort interior de sus espacios.

Aunque el cerramiento evoca para muchos un elemento fino, delgado y, a menudo, un detalle que se depura casi al final del proyecto arquitectónico, en realidad cuando tratamos el cerramiento estamos hablando de las bases de la arquitectura, hablamos nada más y nada menos que del manejo de la luz, la temperatura, el ruido, la ventilación y la estanqueidad.

Maneras para enfrentarse al grueso y complejidad de esta capa hay cientos, y dependen no solo de los factores más obvios como el clima, la tipología arquitectónica o el presupuesto disponible, sino también de otros menos evidentes como la seguridad del edificio, las tendencias del mercado o la cultura del lugar. Por ejemplo, el uso tan arraigado de la persiana en España puede responder no sólo a un tema de regulación del sol y la temperatura, sino también a una necesidad de intimidad y protección de la privacidad que, por ejemplo, en países nórdicos no se da.

Sin ánimo de hacer una revisión histórica, es oportuno decir que tal vez sea el cerramiento el componente del edificio que más se ha tecnificado en los últimos 50 años. La revolución industrial y el movimiento moderno marcaron un hito en la manera de construir para siempre, pero ha sido la aplicación de los materiales poliméricos y la digitalización de la piel del edificio lo que ha logrado una sofisticación del cerramiento nunca antes conocida a lo largo de la historia de la arquitectura.

Hace relativamente poco, en la década de los 90, la tendencia del sector marcaba una clara apuesta por las fachadas muy tecnológicas, el uso frecuente de muros cortina en edificios públicos, y el desarrollo de perfilería metálica para fachadas ventiladas. Fue durante estos años cuando el concepto de doble acristalamiento con cámara de aire se generalizó para la arquitectura residencial, y las casas de cerramientos empezaron a ofrecer multitud de mecanismos de apertura.

Con los años, y tal vez debido a las exigencias de los proyectistas, el mercado se ha especializado en desarrollar carpinterías para huecos cada vez mayores, con grandes hojas de vidrio y perfiles cada vez más pequeños que a menudo se ocultan o desaparecen, todo esto con mejoradas prestaciones frente a la estanqueidad térmica o acústica.

Sin embargo, ahora que el reto de la hoja que ocupa el 100% de la altura libre parece superado, nos encontramos con un cambio de conciencia ecológica en la construcción. Los sistemas pasivos, los edificios de consumo de energía casi nulo, el resurgir de la madera estructural o las fachadas vegetales nos hacen replantearnos el cerramiento, sus capas, componentes y dimensión.

El segmento del cerramiento desempeña un papel importantísimo en la mejora de la eficiencia energética de los edificios y lo hará cada vez más en el futuro. Existen empresas en nuestro país que han entendido este cambio de paradigma hacia una construcción más sostenible, apostando por el uso de materiales naturales o reciclados, integrando filtros solares, módulos fotovoltaicos o sensores higrotérmicos, entre otros muchos avances.

Y es que está demostrada la capacidad de innovación y de adaptación que ha tenido y tiene este segmento a las tendencias del mercado, con una respuesta rápida y siempre acorde con las exigencias. En definitiva, una industria puntera en nuestro país y una de las mejores oportunidades de negocio dentro del sector de la construcción.