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Cumella-Kéré, un tándem para reflexionar sobre el proceso creativo

12 junio 2015

África y Europa. Arquitecto y ceramista. Francis Kéré y Toni Cumella. Diferentes expresiones de un mismo tándem de debate alrededor del proceso creativo

África y Europa. Arquitecto y ceramista. Francis Kéré y Toni Cumella. Diferentes expresiones de un mismo tándem de debate alrededor del proceso creativo que se desarrolló en el Pabellón Mies van der Rohe el pasado 20 de mayo, dentro del programa de actividades del renovado Beyond Building Barcelona-Construmat. Kéré y Cumella conversaron acerca de las raíces y los factores que determinan sus procesos creativos, enmarcados en contextos a primera vista muy diferentes, pero que esconden más de un rasgo compartido.

Mies van der RoheLa iniciativa ha sido una de las muestras del acuerdo de colaboración entre BBB-Construmat y la Fundación Mies van der Rohe, que ha permitido que la entidad que impulsa el debate, la difusión y la sensibilización sobre temas de arquitectura y urbanismo contemporáneos traslade su amplio bagaje a un programa de conferencias con la participación de ponentes de prestigio internacional.

En este caso, el Tándem es un formato al que la Fundación Mies van der Rohe quiere dar continuidad para generar un debate sobre el proceso de desarrollo de una idea y de cómo llega a convertirse en proyecto. Así, el arquitecto de Burkina Faso Francis Kéré (Gando, 1965) y el ceramista Toni Cumella (Granollers, 1951) fueron los protagonistas de una sesión conducida por el arquitecto Eugeni Bach.

Toni Cumella, tercera generación de una saga de artesanos de la cerámica, ha hecho de su obrador un socio codiciado para muchos proyectos de arquitectura. Desde la creación del taller por su abuelo, allá por el año 1880 hasta hoy, las sucesivas capas que se han ido sobreponiendo en su historia conforman la mezcla equilibrada de expertise tradicional y tecnificación con que Cerámicas Cumella trabaja hoy. Sin la sabiduría acumulada en la fabricación de piezas de cerámica popular que definieron los primeros tiempos del taller, hace más de un siglo, a buen seguro que no se podrían entender el diálogo entre las baldoses de 87 colores diferentes del tejado del Mercado de Santa Caterina de Barcelona. "Partimos de algo muy arraigado en el territorio, en la cerámica popular, donde la forma es básica", explicó Toni Cumella. Desde este punto de partida, los procesos creativos en el taller se articulan en base a una equilibrada combinación entre artesanía y tecnificación, que Cumella resume: "buscamos nuevos materiales que conserven los valores tradicionales de nuestro trabajo", como por ejemplo el uso casi exclusivo del gres.

Encuentros profesionales y personales más que significativos con personajes como Enric Miralles, Renzo Piano o Alejandro Zaera configuran la trayectoria vital del taller de Cumella y la confirmación de que su vocación irrenunciable puede responder a retos planteados desde encargos concretos. De hecho, son estos encargos los que activan el proceso creativo y muchas veces innovador en el obrador, donde sólo hace unas semanas que entró el primer robot. Y es que Cumella entiende la tecnología como una herramienta, un tipo de estratagema para ganar tiempo, "que en Europa tiene un precio muy caro". En definitiva, la combinación de tradición, innovación y tecnología conforman el proceso de trabajo de Toni Cumella, que tiene asegurada la continuidad en la cuarta generación que representa su hijo.

Creación tradicional y compartida

Diébédo Francis KéréDe unas raíces bien fuertes y profundes surge también la apasionante experiencia vital y profesional de Diébédo Francis Kéré. Nacido en Gando, una localidad de unos 2.500 habitantes de Burkina Faso, ahora hace medio siglo, fue el primer universitario del pueblo en formarse como arquitecto en Alemania (actualmente tiene su estudio en Berlín). Como Cumella, ligó directamente creatividad con tradición, "has de estar conectado a algo, hagas lo que hagas", y lo ejemplificó con su primera obra, la escuela primaria que construyó en Gando en 2002, con los fondos que logró reunir con una ONG que creó en Alemania cuando era estudiante.

En un entorno cultural muy diferente al occidental, donde factores como el planteamiento de un proyecto no son ni mucho decisivos, Kéré se propuso mejorar la vida de su comunidad con un proyecto que se va fundamentó sobre dos elementos clave: la arcilla y la participación de la comunidad. "No fue un proceso fácil", explicó el arquitecto, porque de inicio tuvo que superar las reticencias de la comunidad sobre la durabilidad de un material como la arcilla para un equipamiento para el pueblo como era la escuela. Combinando un material tan arraigado como la arcilla con sistemas de ingeniería moderna, el proyecto superó las dificultades iniciales -"en muchas ocasiones, en África no hay estructuras organizativas, pero las cosas simplemente pasan"-. Así, toda la comunidad se implicó plenamente, aportando trabajo, sugerencias... y el proyecto se hizo una realidad, que recibió el premio internacional Aga Khan en 2004.

En su caso, la suma de tradición, la voluntad de retornar a la comunidad parte del esfuerzo empleado en su formación, la participación vecinal y la capacidad de encontrar soluciones innovadoras confluyen en un proceso creativo con éxito, como lo demuestra el hecho de que la escuela se mantenga hoy en buenas condiciones y que haya sido seguido de nuevos proyectos en el pueblo, como una ampliación del primer centro, una biblioteca o una escuela de secundaria. "Fue un proceso largo, pero magnífico", aseguró, y que integra a la gente en el mismo núcleo del proceso. Con honestidad, herramientas, conocimientos, tecnología y materiales tradicionales cualquier proyecto se enriquece con la creatividad y la participación de la gente. "Dejamos soñar a todo el mundo con lo que se puede hacer en África si trabajas con la gente, o incluso en Barcelona...", concluyó Francis Kéré.