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"El espacio público también se encuentra en el interior de las casas"

25 febrero 2015

Entrevista a Josep Bohigas (Barcelona, 1967) Arquitecto por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB).

Antes de crear en 1990 el estudio BOPBAA con Francesc Pla e Iñaki Baquero trabajó con Enric Miralles, entre otros. Docencia, investigación y proyectos llenan una trayectoria profesional en la que se ha mostrado especialmente interesado por la reflexión en torno a la vivienda y las formas de habitar. La ampliación del museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, un conjunto de viviendas en la zona del Fórum o el nuevo Molino son algunos de los últimos trabajos más significativos de su estudio. En 2005, Bohigas fue el encargado de coordinar la APTM, una iniciativa pionera en torno a la vivienda y, a la vez, una muestra del compromiso de Construmat con la innovación y el debate, que se afianzará este año en el Beyond Building Barcelona (BBB) con la voluntad de liderar un cambio de modelo para la construcción.

- Hace 10 años puso en marcha en Construmat la iniciativa APTM, que experimentaba alternativas a la forma de la vivienda tradicional para resolver nuevas demandas sociales...

De hecho, el APTM tuvo como precedentes Barraca Barcelona, en 2003, y el proyecto Naumón de la Fura en 2004, y ahora en 2015 haremos Piso Piloto. Me gusta pensar que durante estos años se ha mantenido una línea más o menos continua de trabajo en que una serie de equipos hemos podido plantear propuestas gracias a la ayuda de una serie de instituciones. Con Barraca Barcelona nos dimos cuenta de que existía un barraquismo invisible en Barcelona que se escondía en los intersticios de la ciudad. De alguna manera, esta experiencia fue la madre de la siguiente, APTM, que partía de la premisa del bajo porcentaje de vivienda social en comparación con otros países en plena burbuja inmobiliaria. Queríamos alertar sobre el hecho de que si no empezaban a buscar fórmulas menos especulativas de vivienda social y revisar las tipologías se podría producir una colisión irreversible, que es un poco lo que ha pasado.

- ¿Aquellas nuevas demandas sociales en relación a la vivienda han sido resueltas hoy?

Lo que ya era muy evidente en 2005 es que las familias habían cambiado, que la oferta seguía siendo la misma mientras que la demanda había cambiado muchísimo y que analizando mínimamente esa demanda emergía una posibilidad de trabajar en el caso de los mínimos, que no quería decir resolver el problema de la vivienda ni mucho menos. Aquella operación que tenía que ver con explorar con una parte académica y otra profesional, que pretendía construir prototipos y enseñarles, es decir, con una dimensión pública bastante potente, se vio desbordada con el debate de los metros cuadrados y gracias al paso por allí de la ministra de la Vivienda en ese momento, que dijo algo muy sensato: que la dignidad no se medía en metros cuadrados. Se trataba de resolver cuestiones constructivas, económicas, sociales o colectivas de la vivienda, temas que hoy siguen muy presentes.

Creo que no sólo no se ha avanzado en la solución de muchas de estas cuestiones, sino que han aparecido nuevos problemas quizás más graves y urgentes para afrontar. La discusión en torno a la dignidad de la que hablaba la ministra aún no se ha hecho y efectivamente había muchas cosas a sumar a los mínimos de los que hablábamos hace diez años. te en un edificio equipado o no equipado. La crisis, sin embargo, ha hecho pasar por delante muchas cuestiones y Piso Piloto, el proyecto que haremos en el mes de junio en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), es como la actualización de todo esto.

- ¿Cuáles son los objetivos y de esta exposición?

Se trata de un proyecto conjunto entre Barcelona y Medellín. Son dos ciudades premiadas internacionalmente y paradigmáticas de la transformación social en base a la confianza en sus espacios públicos, en la regeneración del tejido de la ciudad a partir de la ocupación de la calle y su compacidad. Esto es tan real como el hecho de que aún tienen muchos retos para abordar sobre todo en cuanto a la vivienda, que también es espacio público. El objetivo es, entonces, mostrar cómo las dos ciudades, con planteamientos muy diferentes, abordan el reto de futuro de la vivienda.

- Y ¿cómo se definen estos retos?

Los desahucios, la pobreza energética, el coliving, los apartamentos turísticos… son temas que han emergido con fuerza en los últimos años y los que no tenemos ni mucho menos resueltos. Desde la sociedad civil, sin embargo, se están empezando a aportar soluciones incipientes. Estas respuestas imaginativas son las que hemos identificado, son algunos casos piloto que a pesar de ser muy pequeños son significativos para captar la capacidad de transformación que nace en el seno de la sociedad. Cuando hicimos el APTM algunos escandalizaban diciendo que proponíamos pisos patera. Pero la realidad es que hay gente que subdivide su hogar para compartirlo y así poder mantenerlo. Simplemente estudiando lo que existe, cómo se organiza la gente o la investigación que se está haciendo en las universidades encontramos ejemplos para la esperanza, de momento cualitativa, aunque no cuantitativa.

- ¿Qué tipos de respuestas piloto se mostrarán?

Son 20 ejemplos de Barcelona y 12 de Medellín. Por ejemplo, arquitecto de cabecera, supondrá abrir una oficina gratuita de atención al ciudadano en el barrio del Raval. Una serie de arquitectos y profesores trabajarán para mejorar los hogares de ciudadanos que quizá nunca se habían planteado llamar un arquitecto. Otro proyecto, ligado a la pobreza energética, se hace Las Planas, coordinado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura del Vallés, y Coque Claret y propone un centro de servicios colectivo que ayudará las viviendas que no tienen suficientes recursos como si se tratara de una especie de pila que aporta energía a las viviendas del barrio.

Otro ejemplo piloto, la Casa Parlamento, de Andrés Jaque, plantea nuevos diseños de los espacios comunitarios del coliving, que son como las nuevas ágoras. En otra iniciativa coordinada por Coque Claret se evidencia como la pobreza energética se puede paliar con un manual de usos del edificio, de buenas prácticas en base a la monitorización.

- En cuanto a los otros espacios, como los equipamientos, los de carácter comercial o de trabajo, ¿cómo están evolucionando?

En cuanto al equipamientos culturales, de un centro como el CCCB, por ejemplo, podríamos decir que es dos cosas: por un lado un periscopio, un laboratorio que mira de lejos y recoge datos y, por otra parte, también es un pasaje que está en medio del espacio público, donde todos pueden entrar y salir que quiera y que se involucra con la pulsión de la ciudad. Hoy creo que esta segunda línea es la más adecuada. Es fundamental echar abajo barreras conceptuales, programáticas y físicas para asumir esta responsabilidad cívica y común. Nosotros, los arquitectos, debemos crear o restablecer canales de contacto con la sociedad, porque de alguna manera nos hemos desconectado. Los programas que en las escuelas se plantean como de éxito para un arquitecto son espacios que nunca haremos. Ninguno de nosotros hará un aeropuerto!

- Y la combinación de disciplinas, de sensibilidades profesionales ¿está cada vez más presente?

Este trabajo interdisciplinario es una realidad, útil y vital hoy, aunque muchas veces el tiempo, los recursos y el dinero no nos permiten ir mucho más allá que lo que te piden estrictamente. Lo de dar liebre por gato sólo se puede hacer si la infraestructura te lo permite. Si no es una cuestión de voluntarismo total, porque a menudo se valora sólo el corto plazo.

- Con estos condicionantes, ¿se ve potenciada la arquitectura efímera?

Depende de los casos, pero lo que creo que es que hay muchos aspectos complementarios en los que podemos incidir más. Es el caso del urbanismo efímero, que puede ser perfectamente complementario y no contradictorio con el urbanismo tradicional. Para transformar una plaza y captar mecanismos de participación hay una metodología que pasa por actuar sobre los lugares y tomar nota. Esta actuación debe ser lo más rápida, barata y reversible posible. Hemos hecho acciones académicas en este sentido, como un taller de propuestas al final de la Rambla o el Fem Paral·lel, que lo cortamos al tráfico por primera vez y dio lugar a mil pruebas. La reversibilidad es fantástica para captar la opinión de la gente. Si se hubiera dejado subir a la gente al tambor de las Glòries dos domingos creo que no habría derribado. Al hacerlo suyo, la gente habría generado muchas ideas de uso y creo que se habría salvado.

- El arquitecto Dani Freixes escribe que quizás hasta ahora no nos hemos ocupado mucho de la calidad de los espacios interiores...

Si hablamos de los interiores comerciales, es una perversión brutal que lo contemporáneo sea lo que parezca vintage, envejecido. Así, ¡la renovación de un local comercial pasa por envejecerlo! La pátina es o no es, pero falsificarla me parece un poco perverso. Por eso, a veces, me parece que estamos un poco fuera del mercado, porque eso no lo sabemos hacer.

De cualquier forma, siempre ha habido una cierta tendencia a poner más esfuerzo en la fachada, lo que no quiere decir que esté bien. La campaña ‘Barcelona ponte guapa' era maquillaje del espacio público, porque había la creencia de que si el espacio público estaba limpio, después limpiarías tu casa. Muchas veces no hemos conseguido esto, pero es que el espacio público también es el interior de las casas y las formas de organizarlas con estos programas, porque si no perdemos parte de la fórmula. Quiero creer que ahora prestamos más atención a estos temas. El esfuerzo loable que se ha hecho con el espacio público debe ser más poroso y llegar al interior. Tenemos que intentar que la calle se acerque a los hogares y viceversa. Este me parece un propósito fantástico.